CARTILLA ENTRE CUENTOS Y ABRAZOS. Para leer en familia

 CARTILLA PARA PADRES


ENTRE CUENTOS Y ABRAZOS


PARA IR A LA REVISTA COPIE EL SIGUIENTE VÍNCULO EN GOOGLE:

https://www.flipsnack.com/CADE898C5A8/cartill-a-para-padres-e-hijos-entre-cuentos-y-abrazos-1


Comentarios




  1. Crónica: Un día en el colegio

    —¡Levántate que se te hace tarde! —gritó mi mamá desde la cocina.

    Miré la hora: 6:10 a.m.
    —Cinco minutos más… —respondí medio dormido, aunque sabía que ya no había tiempo.

    Llegué al colegio casi corriendo. En la entrada, un amigo me saludó:
    —Uy, casi no llegas, el profe ya entró.
    —Sí, hoy sí me iba quedando —le dije mientras entrábamos rápido al salón.

    La clase de matemáticas empezó seria:
    —Saquen el cuaderno, vamos a revisar la tarea —dijo el profesor.

    Algunos se miraron nerviosos.
    —¿Hiciste eso? —me susurró un compañero.
    —Más o menos… copié lo que pude —respondí bajito.

    Cuando sonó el timbre del descanso, todo cambió.
    —¡Vamos a la cancha! —gritó alguien.
    —Primero compremos algo —dijo otro.

    Entre risas, empanadas y jugos, el tiempo pasó volando.
    —Ey, pásala, pásala —gritaban en el partido improvisado.
    —¡Gol! —se escuchó, mientras todos celebraban.

    De vuelta a clases, la profesora de español trataba de mantener el orden:
    —Silencio, por favor, vamos a comenzar.
    —Profe, cinco minutos más —dijo alguien desde el fondo.
    —No, ya tuvieron descanso —respondió con una sonrisa.

    Al final del día, el timbre sonó otra vez.
    —Por fin, vámonos —dijo un amigo recogiendo sus cosas.
    —Nos vemos mañana —le respondí.

    Salí cansado, pero pensando que, aunque parezca un día normal, siempre hay algo que lo hace diferente. Porque el colegio no es solo clases… también son momentos que se quedan.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    2. Un Día de Matemáticas

      Bueno, como siempre, la clase de matemáticas empezó con el profe entrando y soltando su típica: "Saquen el cuaderno, que hoy hay revisión". En ese momento, me hizo un frío el estómago. Sabía que íbamos a revisar algo que no entendía muy bien. El salón estaba lleno de caras de preocupación, porque todos sabíamos que hoy no iba a ser fácil.

      —¿Hiciste todo? —me pregunta mi amigo, con cara de duda.

      —Más o menos, men… copié lo que pude —le respondí, medio avergonzado, pero la verdad es que todos estábamos en las mismas.

      El profe comenzó a escribir en la pizarra y, sinceramente, no entendía ni pío. Las fracciones y los números ahí, mezclados, me hacían sentir como si me estuvieran hablando en otro idioma. Pero bueno, uno tiene que ponerle el pecho a las cosas, ¿no? Me dije a mí mismo: "Tranqui, que algo va a salir".

      A lo lejos, escucho a un compañero que le dice a otro:

      —¡Ay, bro! Esto está más enredado que el tráfico en la Avenida Sexta.

      Y yo sólo pensé: "Sí, papá, no estoy solo en esto". Pero al poco rato, algo raro pasó. Como que, después de darme un par de vueltas en la cabeza con las ecuaciones, comencé a entenderlas. No fue magia, fue como encontrarle la vuelta al asunto. Un par de ejercicios después, me sentí como si estuviera resolviendo un rompecabezas.

      —¡Oye, sí lo logré! —le dije a mi compañero, casi gritando de emoción, como si hubiera ganado el partido.

      Pero claro, el verdadero alivio llegó cuando sonó el timbre para el descanso. Todos salimos disparados como si fuéramos los más rápidos del mundo, rumbo a la cancha. El fútbol, las risas, el calor del sol… Eso sí que me hizo olvidar todo lo de las matemáticas por un rato. Esos minutos de respiro fueron todo.

      —¡Pásala, pásala! —gritaban los parcero mientras corrían de un lado a otro.

      —¡Gol, gol! —se escuchaba por todas partes, y todos nos abrazábamos como si nos estuviéramos jugando la final de la Copa América.

      El regreso fue lo peor. Nadie quería regresar al salón, pero ya sabíamos que la hora de las matemáticas no se podía evitar. Todos regresamos con la cara de “¿Ya?” y nos sentamos como si nos hubieran dado un regaño.

      Cuando por fin terminó la clase, el timbre sonó y fue como si nos hubieran dado el pase a la libertad.

      —¡Por fin, papá! —gritó uno de mis compañeros mientras tomaba su mochila.

      —Nos vemos mañana —le dije, con una sonrisa. Y sí, mañana seguro que habrá otra clase de matemáticas, pero ya no me siento tan mal. Al final, las matemáticas no son tan malas. Solo hay que agarrarlas con calma y no asustarse tanto.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

GUIA CAMINAR EN SECUNDARIA 2 LENGUA CASTELLANA 2026